
El Partido Nacionalista de Bangladés (PNB) va camino de convertirse este viernes en el gran vencedor de las primeras elecciones de la nación sudasiática tras las protestas de la Generación Z (nacidos en torno a mediados de los noventa y 2010) que lograron tumbar al Gobierno en 2024 y provocaron la huida a la India de la entonces primera ministra, Sheikh Hasina. Los primeros resultados tras los comicios legislativos del jueves apuntan a la victoria contundente de un partido clave en la historia reciente de Bangladés, pero que lleva casi dos décadas alejado del poder. El PNB y las alianzas con las que se presentaba a los comicios han logrado, de momento, hacerse con al menos 212 de los 300 asientos del Parlamento, lo que le garantizaría una mayoría estable superior a los dos tercios, según han avanzado diversas televisiones locales, aún a falta de que se difundan los resultados oficiales definitivos. El PNB se impondría así de forma rotunda a la coalición de formaciones principalmente islamistas liderada por Jamaat-e-Islami, que suma por ahora 70 parlamentarios. Estos dos principales contendientes, viejos aliados, se han llevado la inmensa mayoría de los votos, después de que la Liga Awami, el partido de la ex primera ministra Hasina, condenada a muerte en ausencia el pasado noviembre, fuera suspendido por el Gobierno interino por su papel en la represión de las protestas, en las que murieron cientos de personas. La decisión ha despertado la indignación de sus seguidores. El PNB ya ha emitido un comunicado en el que da las gracias a los votantes. “A pesar de ganar […] por un gran margen de votos, no se organizarán mítines ni procesiones”, sostiene el texto recogido por Reuters en el que la formación sí pide sesiones especiales de rezo por todo el país. El resultado encamina a Tarique Rahman, líder del PNB, a ocupar el cargo de primer ministro. Heredero de una de las principales dinastías políticas del país, se autoexilió en el Reino Unido hace 17 años y regresó el pasado diciembre, con los vientos de cambio. Tiene 60 años. El PNB, que ha gobernado en múltiples ocasiones, fue fundado por su padre, Ziaur Rahman, una figura prominente durante la guerra de independencia de Pakistán; ejerció como presidente y fue asesinado en un golpe militar en 1981. Su madre, Khaleda Zia, fue primera ministra en tres ocasiones y rival política de la huida Hasina. Su segundo mandato (2001-2006) quedó oscurecido por el ascenso de los islamistas y por las acusaciones de corrupción que, años después, la llevarían a la cárcel en 2018. Fue liberada en 2024 tras las protestas de la Generación Z y la caída del Gobierno de Hasina. Lideró el PNB hasta su fallecimiento en diciembre. Recibió un funeral de Estado. En su manifiesto, el PNB se ha comprometido a construir una nación “orientada al bienestar y próspera”. Entre sus promesas se encuentran un mayor apoyo financiero a las familias con bajos ingresos, la ampliación de la plantilla sanitaria, reformas educativas y un impulso a la resiliencia climática. La formación boicoteó varias elecciones anteriores, incluida la más reciente de 2024, al considerar que no eran libres ni justas, aunque también acumula críticas por corrupción y mala gobernanza en el pasado.Las elecciones, en las que estaban convocadas a las urnas en torno a 128 millones de personas, se han celebrado en un ambiente pacífico y en muchos casos festivo, al ser considerados los primeros comicios con garantías en más de 17 años. La participación ha sido de casi el 60%, según la Comisión Electoral.Los resultados son determinantes para la estabilidad de un país de 175 millones de habitantes, mayoría musulmana y pieza esencial de la cadena de suministros textiles del planeta, pero marcado por las rentas bajas, la escasez de oportunidades de los más jóvenes y una inflación galopante. Las revueltas estudiantiles de Bangladés arrancaron en julio de 2024 por el rechazo social a un sistema de cuotas de contratación de funcionarios, que reservaba un 30% de los empleos públicos a los parientes de los combatientes de la guerra de liberación contra Pakistán, en 1971. Pero se acabó convirtiendo en algo mucho mayor: una ola de descontento contra el Gobierno de uno de los países más pobres del mundo. Los jóvenes vieron en el sistema de cuotas un privilegio anacrónico e inmovilista de las élites y no un beneficio a cambio del viejo servicio a la patria. Lideradas por la llamada Generación Z, las manifestaciones fueron duramente reprimidas, provocando más de 1.400 muertos, según la ONU. La entonces primera ministra, Sheikh Hasina, escapó del país y fue condenada a muerte en noviembre por crímenes contra la humanidad por ordenar una represión mortífera durante el levantamiento. Recibió la sentencia en la India, donde vive desde su huida.Desde entonces, el país ha vivido un complejo período de transición dirigido por un Gobierno interino liderado por el economista y premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, cuya dimisión se espera para la semana que viene. La también conocida como Revolución del Monzón ha inspirado además posteriores revueltas en otros países asiáticos, como la de septiembre en Nepal, que también acabó con decenas de manifestantes muertos y provocó la renuncia del primer ministro, K.P. Sharma Oli. Su eco ha llegado mucho más allá, influyendo incluso en las recientes protestas en Marruecos.
El PNB arrasa en Bangladés en las primeras elecciones tras las protestas de la Generación Z | Internacional
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