El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este miércoles en el Foro Económico Mundial de Davos que no usará la fuerza para adueñarse de Groenlandia, una ambición que mantiene en vilo al mundo. “La gente pensó que usaría la fuerza. No tengo por qué usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No la usaré”, dijo, en un discurso en el que, sin embargo, insistió con toda claridad que quiere controlar el territorio por razones de seguridad nacional e internacional y que pretende conseguirlo con negociaciones, lanzando una poco velada amenaza a los europeos: “Tienen dos opciones. O aceptan, y estaremos agradecidos, o se niegan, y no lo olvidaremos”.La renuncia al uso de la fuerza fue la única, importantísima, luz en un discurso tenebroso. Más de una hora de intervención cargada de amenazas —como la descrita—, mentiras, resentimiento, insultos, humillaciones, tergiversaciones, instintos racistas.Mentiras como que la OTAN nunca hizo nada por EE UU, cuando los aliados se activaron según el artículo 5, de defensa mutua, tras el 11-S y lucharon en Afganistán codo con codo con las fuerzas estadounidenses, o que las elecciones de 2020, que él perdió, fueron fraudulentas. Al respecto, anunció próximas medidas penales.Resentimiento, como en las recurrentes quejas de que los demás países se habrían aprovechado de EE UU por un sistema de libre comercio en el cual, sin embargo, la potencia americana pudo prosperar y afianzar su hegemonía.Insultos, como cuando llamó “estúpido” a Jerome Powell, jefe de la Fed, o a todos aquellos que instalan sistemas de producción de energía eólica.Humillaciones, como los relatos prepotentes de llamadas de trabajo con otros presidentes, como en el caso de Macron, describiendo presuntas capitulaciones políticas.Tergiversaciones, como en el presumir de una cifra de inversiones en EE UU que es teórica, en la descripción de la criminalidad en EE UU y la milagrosa cura que representaría la actuación de la Administración Trump.Instintos racistas, como en la consideración de los somalíes como personas de coeficiente intelectual reducido, contado como chascarrillo, pero que tiene el aroma que tiene.Con esos ingredientes, Trump presentó a una platea cargada de figuras de máximo relieve del mundo empresarial y político su visión del mundo, una en la cual los aliados no son nada más que un peso, una en el cual Europa es un continente descarrilado que está perdiendo los fundamentos de una cultura exitosa. “Europa no va en la dirección correcta”, dijo Trump, en Europa, a una platea con muchos europeos. El presidente abrazó, sin mencionarla explícitamente, la teoría del gran reemplazo, que sostiene que los inmigrantes de otros orígenes étnicos van a sustituir a las poblaciones autóctonas.Pero el punto nodal era Groenlandia, la mayor crisis entre los aliados transatlánticos posiblemente desde la conformación del lazo en la II Guerra Mundial. Desde Davos, el republicano ha comenzado diciendo que “todos los aliados de la OTAN tienen que poder defenderse” para, a continuación, dar un argumento por el que considera que debe controlar la isla semiautónoma del Reino de Dinamarca: “No hay ninguna otra nación capaz de proteger Groenlandia como Estados Unidos”. Donald Trump en Davos, Suiza, esta mañana.Gian Ehrenzeller (AP)Trump, que en otras ocasiones ha dejado claro que quería anexionarse Groenlandia por las buenas o por las malas, ha dicho este miércoles que no quiere usar la fuerza. “Todo lo que está pidiendo Estados Unidos es un lugar llamado Groenlandia. […] Solo pido un trozo de hielo. […] Es muy poco, comparado con todo lo que les hemos dado durante décadas”, ha concluido. Tras recordar que la gigantesca isla ártica está situada en un lugar estratégico clave “entre Rusia y China”, ha insistido en su idea: “Lo necesitamos por razones estratégicas y de seguridad nacional”. Sus aspiraciones de hacerse con este territorio —aspiraciones que rechazan tanto Dinamarca como Groenlandia— no serán “una amenaza para la OTAN, sino que reforzarán su seguridad”, ha asegurado el republicano, tras quejarse del trato “muy injusto” de la Alianza Atlántica hacia Estados Unidos.En su discurso desde la ciudad suiza, Trump ha continuado atacando a líderes y países que considera que han tomado políticas equivocadas: “Partes de nuestro mundo están siendo destruidas. Algunos líderes no lo comprenden”. Donald Trump en el Foro Económico de Davos, este miércoles.
Denis Balibouse (REUTERS)“Quiero que a Europa le vaya bien, que al Reino Unido le vaya bien”, ha dicho al criticar que Londres “tiene una de las mayores fuentes de energía y no la usa”, en referencia a los yacimientos de petróleo en el mar del Norte.El martes, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, encabezó la resistencia frente a la embestida trumpista, con un discurso de altura moral y geopolítica. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, también fue explícito en el rechazo a las maniobras estadounidenses. También intervino la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que mostró el rechazo a las ambiciones anexionistas de Estados Unidos sobre Groenlandia y a la amenaza de nuevos aranceles a países europeos que defienden su soberanía, pero con un tono menos contundente.Mark Carney y Emmanuel Macron en Davos, Suiza, el 20 de enero.Sean Kilpatrick (AP)Precisamente Von der Leyen, así como Mark Rutte, secretario general de la OTAN, se perfilan como protagonistas de los intentos diplomáticos de desactivar la crisis relacionada con Groenlandia, una que proyecta sus repercusiones a lo largo y ancho del tablero geopolítico, por ejemplo sobre Ucrania. Kiev ve ahora peligrar definitivamente el precario apoyo estadounidense que había seguido vivo gracias a la intensa actividad diplomática y a las muchas concesiones europeas a Trump.La crisis también se proyecta sobre la dramática situación de la Franja de Gaza, con un Trump determinado a configurar un Panel de la Paz en el cual muchos antiguos aliados occidentales no quieren participar por los rasgos de su conformación y también por el devenir cada vez más avasallador de la política exterior trumpista.
Trump exige Groenlandia: “Solo quiero un trozo de hielo. No quiero usar la fuerza” | Internacional
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